“No hay que ser bueno, hay que ser feliz” No entiendo el título….

“No hay que ser bueno, hay que ser feliz” No entiendo el título….

Categoría: libro

Última actualización

 ¿Es que mi felicidad implica ser mala persona?

¿Acaso no es posible ser ambas cosas al mismo tiempo: bueno y feliz?

22/01/2020


El otro día me llegó el siguiente mensaje: “La felicidad permanente no puede entenderse ni vivirse en una sociedad híper materialista. Si ni si quiera se da en la naturaleza, ¿por qué ha de ser nuestro objetivo? Y aunque lo fuera, ¿por qué no se puede ser bueno a la vez?”(Enviado por Raúl S. de Madrid, seguidor en las redes sociales)

No es la primera vez que me preguntan por el título de esta obra, así que queriéndoselo aclarar a mis lectores, he recogido su reflexión para responder,esperando satisfacer a todos aquellos a quienes se les haya despertado la misma curiosidad. 

Antes de nada, me gustaría comentar, para quién aún no lo sepa, que “No hay que ser bueno, hay que ser feliz”,es un libro de psicología que trata sobre la dependencia emocional. Los motivos principales de haberlo escrito, han sido dos: el primero, aportar algo de luz a este apasionante tema ya que observé que tanto clínica como académicamente estaba muy poco estudiado y documentado. En segundo lugar, por la prevalencia tan elevada de dependencia que existe hoy en día en nuestra sociedad actual: más del 50% de la población la padece en un grado alto o muy alto, provocando mucho sufrimiento. El desconocimiento de las claves para relacionarnos con los demás de forma saludable y beneficiosa, ha provocado que desarrollemos “estrategias de supervivencia” como el uso de manipulaciones, chantajes y enredos emocionales, que dificultan seriamente la forma de vincularnos con los demás.  Como explico en el libro, en mis conferencias y en los talleres que imparto, la forma en que hemos sido educados, la sociedad y la cultura en la que hemos crecido, han afectado de manera negativa sobre algunas cuestiones tan importantes como la autoestima, el merecimiento y la culpa irracional. Estos temas  troncales y  tan fundamentales son necesarios para ir equipados por la vida, es decir, para poder hacerle frente de la forma más sana y productiva posible, por lo cual los trato de lleno en esta obra.

Basándome en mi experiencia personal y en los numerosos casos que he tratado en consulta a lo largo de mi carrera profesional, he comprobado que un porcentaje muy elevado de personas no saben gestionar correctamente sus emociones. Uno de los factores que tienen en común, es que no poseen una buena autoestima, no se sienten merecedoras de las mejores oportunidades y sufren, una gran parte del tiempo, un inmenso dolor emocional al sentir culpa por asuntos que no son su responsabilidad.

Para intentar ilustrarlo mejor, voy a contar un hecho real que me ocurrió teniendo yo 6 años. Muchas personas podrán encontrar muchas similitudes en sus propias vivencias. Recuerdo que esas Navidades recibí por Reyes una muñeca especial: era un gran busto, de larga melena, acompañado por un enorme set de maquillaje y peluquería. Yo no podía creérmelo, lo ansiaba desde hacía mucho tiempo y,  por fin, la tenía en mis manos. ¡Estaba rebosante de felicidad! Al abrir el paquete  me entusiasmé muchísimo. En lo único que podía pensar era en estrenarla y jugar con ella. Pero no pude disfrutarla en ese momento, porque la costumbre en casa era la de ir a visitar a los abuelos, los tíos y los primos la mañana de Reyes. En el transcurso de ese día, yo tenía la mente puesta en mi regreso a casa para poder jugar con mi muñeca soñada; ya imaginaba el peinado, el color que le pondría de sombra de ojos… Sin embargo, no volvimos hasta la noche. Cuando nos disponíamos a entrar en casa, una vecinita nuestra, una niña más pequeña que yo, quiso pasar a curiosear lo que nos habían dejado. Al ver mi muñeca, se abalanzó sobre ella, quitándomela de las manos al tiempo que me preguntaba: “¿me la dejas?, ¿me la dejas?“ – ¡Yo protesté! Estaba rabiosa, se la quité de las manos y nos enzarzamos en una discusión. Mi madre, al escuchar voces, acudió a mediar. Al ver la escena, me regañó duramente. Me dijo que había sido una maleducada, que las cosas debían de prestarse, a la vez que me arrancaba la muñeca de mis manos para entregársela a la vecina que, para colmo, se me quedó mirando con cara de haberse salido con la suya. Nunca olvidaré su rostro.

Me gustaría aclarar que mi madre ha sido siempre una persona maravillosa e involucrada en nuestra formación y no la responsabilizo de estas costumbres, ella lo hacía por nuestro bien, tratando de educarnos en ser buenas personas y generosos. Muchos de los criterios sociales y culturales que hemos aprendido para adquirir unos valores éticos, pueden generar serias carencias en nuestra autoestima que, sin duda, se manifestarán en la edad adulta, en forma de miedos e inseguridades.

Aunque esto no deja de ser una anécdota, puedo asegurar que guardo un gran repertorio de vivencias muy parecidas a lo largo de toda mi infancia. Con esta experiencia pretendo explicar el daño que este tipo de gestos puede llegar a provocar en la edad adulta. Situaciones como la que acabo de describir, producen una interpretación errónea en nuestro subconsciente. Se genera una creencia limitante, en la que los demás son más importantes que uno mismo y merecen prioridad: si no cedo en el deseo del otro y me antepongo, soy una egoísta y me sentiré tremendamente culpable porque estaría haciendo algo malo. Como explico en el libro, estos dogmas inconscientes rigen nuestras vidas generando mucho dolor emocional, especialmente cuando entran en conflicto con el sentido común. A medida que el lector vaya avanzando por los diferentes capítulos, ira encontrando técnicas para identificarlos, pero sobre todo recursos para aprender a solucionar y gestionar  situaciones complicadas del día a día.

La educación que hemos recibido, y que ha contribuido a desarrollar la identidad de ser “buena persona”, es a su vez la que nos boicotea en ocasiones. Por eso el título que he elegido para mi libro pretende llamar al despertar de esta trampa, identificando y no permitiendo el abuso de quienes intentan someternos: para que aprendamos a poner límites, para darnos nuestro sitio, como por ejemplo, diciendo “no”cuando corresponda, sin sentirnos culpables.

Confío en haber aclarado que mi libro no trata de una apología a ser mala persona, de hecho en la propia introducción explico que, para poder ser feliz además de bueno, uno debe quererse primero.

Si el artículo te ha gustado, deseas comentarme alguna duda del libro, hacerme llegar alguna opinión o compartir conmigo alguna experiencia personal, te invito a que me envíes tu mensaje al mail que facilito más abajo.

Si además, quieres que lo publique, sólo tienes que decírmelo y aparecerá próximamente.

Si deseas comprar el libro pincha en el enlace:


Beatriz Lecuona
Psicóloga experta en dependencias afectivas
beatrizlecuonaoficial@gmail.com

Beatriz Lecuona Llanera Psicóloga Colegiada


Deja un comentario