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Aprende a gestionar tus emociones y conviértelas en tus aliadas

Las emociones negativas te arrastran,  te desestabilizan y te hacen sentir mal, e incluso, cuando se prolongan en el tiempo, pueden llegar a causar una enfermedad. Saber detectarlas es fundamental para poder gestionarlas y no dejarte llevar por ellas. Si quieres aprender a controlarlas, empieza por reconocerlas y sigue las siguientes pautas.

La emociones son un estado de ánimo que tienen cierta intensidad y suelen estar producidas por un estímulo exterior, provocando una reacción que altera nuestro organismo.

Las emociones negativas (la ansiedad, la tristeza, los nervios, el miedo, la ira…) pueden llegar a invadir los diversos ámbitos de la vida (familiar, laboral, personal y de pareja), desestructurándolo por completo y causando incluso problemas de salud (estrés, depresión, problemas digestivos, insomnio, contracturas, dolores musculares, migrañas…).

Detectar las emociones y aprender a vivir con ellas

Lo primero que debes hacer es aprender a detectarlas, saber de dónde vienen, qué las ha provocado y por qué motivo. Esta base es indispensable para llegar a aceptarlas y aprender a vivir con ellas.

Toda emoción tiene una razón de ser, y hay que entender para qué sirven, cuál es su función en nuestro organismo. Cada una de ellas, hasta las más desagradables, hace que reaccionemos con una conducta apropiada adaptativa, motivacional o comunicativa, ayudándonos a afrontar determinadas situaciones.

Las emociones son positivas o negativas, pero no son malas

No hay una emoción mala en sí misma. Puede ser positiva o negativa, por cómo nos hace sentir, pero ambas son necesarias, pues nos sirven para saber que algo está pasando, de la misma manera que la fiebre se identifica con una infección y nos pone en alerta.

Nuestro organismo está vivo y lo sentimos en todo momento, las cosas nos afectan, no pasan inadvertidas, y pueden llegar a provocar un desequilibrio. Cuanto antes nos demos cuenta, antes podremos utilizar nuestros recursos para volver a la estabilidad.

Recursos para recuperar el equilibrio emocional

Muchos de estos recursos de regulación los utilizamos de una manera inconsciente, porque nos hacen sentir bien. Por ejemplo, hacer deporte, disfrutar del tiempo libre, socializar, meditar y reflexionar sobre una situación vivida, relajarse para rebajar la intensidad del día a día, buscar la calma para tomar una decisión importante…

Cuando no te encuentres bien con una emoción o no llegues a identificarla, te aconsejo que indagues y te hagas las siguientes preguntas: ¿Qué quiere decir esa emoción (sobre todo, cuando es negativa)? ¿Qué puedo aprender con ella? ¿De quién es: es mía o de la otra persona? ¿Qué situación la ha creado? ¿Qué porcentaje de responsabilidad debo asumir de esa situación? ¿Qué puedo hacer de cara al futuro con respecto a esa situación que me ha generado tal emoción si se vuelve a repetir?

No nos han enseñado a gestionar emociones

Educacionalmente no nos han enseñado a gestionar las emociones. Han ido surgiendo, las hemos ido acumulando, en muchos casos, ocultando, camuflando y, cuando ya no hemos podido aguantar más, ha surgido la temida explosión, porque no hemos sabido gestionarlas, entenderlas, ni colocarlas en su sitio.

Esto hace que enfermemos física y mentalmente, y no te pasa a ti solo, le sucede a la gran mayoría de la gente, lo que hace que vivamos en una sociedad enferma y, a la larga, traerá sus consecuencias.

Tenemos que trabajar nuestros patrones, entendiendo y curando las heridas emocionales de la infancia, para romper los esquemas que se han venido repitiendo generacionalmente y trasladar a nuestros hijos nuevos modelos más adaptativos, flexibles, sabios y saludables. Así conseguiremos una sociedad más sana.

Gestionar las emociones, no actuar a la defensiva ni a la «explosiva»

En vez de gestionar las emociones siendo asertivos y benévolos, por lo general, actuamos a la defensiva y a la «explosiva». Si aprendes a manipularlas, podrás sacar partido de ellas. Por ejemplo, la ansiedad puede ser una emoción que te impida seguir adelante o, si sabes manejarla (en algún caso te habrá sucedido y te habrás sorprendido), puede llegar a ser muy productiva.

Los recursos que puedes poner en práctica para conseguir una buena gestión son los siguientes:

  • Indagar en tu niño interior: todos tenemos uno, hay que rebuscarlo en las profundidades y comprenderlo.
  • Sanar las heridas emocionales de tu infancia: han sido fundamentales en tu desarrollo.
  • Potenciar tu autoestima: date tu sitio.
  • Ser benévolo contigo mismo: si perdonas ciertos errores en los demás, perdónatelos a ti mismo con cariño. No te maltratates psicológicamente. Todo el mundo comete errores y de ellos se aprende.
  • Darte permiso para ser, para sentir, para expresar tus sentimientos, para llorar, enfadarte, estar triste y estar alegre. Eres humano y estás vivo. No te avergüences de sentir.
  • Hacer que tus emociones sean tus aliadas, no tus enemigas. Aprende a identificarlas y a sacar partido de ellas.

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